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[
El Trabajo de Hércules en Tauro ] La
Captura del Toro de Creta
El
Mito Aquel que preside habló al Maestro del hombre cuya luz brillaba entre los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios.
"¿Dónde
está el hombre que se mantuvo con poder delante de los Dioses, recibió
sus dones y entró por el primer portal abierto de par en par para
trabajar en su tarea?"
"El descansa, oh, Gran Presidente, y reflexiona acerca de su fracaso, se lamenta por Abderis, y busca ayuda dentro de sí mismo".
"Está
bien. Los dones del fracaso garantizan el éxito, cuando son correctamente
comprendidos. Que proceda a trabajar una vez más, que entre por el
segundo Portal, volviendo prontamente". El segundo Portal estaba abierto de par en par, y desde la luz que velaba la escena distante, una voz emergió y dijo: “Pasa a través del Portal. Sigue tu camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí, informándome sobre el hecho".
Solo
y triste, consciente de la necesidad y consumido por profunda pena, Hércules
pasó lentamente entre los pilares del Portal a la luz que brillaba donde
estaban los toros sagrados. En el horizonte se levantaba la hermosa isla
donde moraba el toro, y donde hombres arrojados podrían entrar en ese
vasto laberinto que los atraía hasta el aturdimiento, el laberinto de
Minos, Rey de Creta, el guardián del toro.
Cruzando
el océano hacia la soleada isla (aunque no se nos dice cómo) Hércules
emprendió su tarea de buscar y encontrar al toro, y conducirlo al Lugar
Sagrado donde moran los hombres de un solo ojo. De un lugar a otro
persiguió al toro, guiado por la fulgurante estrella que brillaba sobre
la frente del toro, una brillante lámpara en un sitio oscuro. Esta luz,
moviéndose a medida que el toro se movía, lo conducía de un lugar a
otro. Solo, buscaba al toro; solo lo perseguía hasta la guarida; solo lo
capturó y montó sobre su lomo. A su alrededor permanecían las Siete
Hermanas estimulándole en su camino y, en la resplandeciente luz, él
conducía al toro a través de la brillante agua hacia la isla de Creta
sobre la tierra donde moraban los tres Cíclopes.
Estos
tres grandes hijos de Dios esperaban su regreso, vigilando su progreso a
través de las olas. Él condujo al toro como si éste fuera un caballo, y
con las Hermanas cantando a medida que marchaba, lo acercó a la tierra.
“Viene
con fuerza", dijo Brontes, y fue a encontrarlo en la ribera. "Conduce
en la luz", dijo Steropes, “su luz interior será más
brillante”, luego se avivó la luz en repentina llama.
"Viene deprisa", dijo Arges, "está conduciendo a través de las olas".
Hércules
se acercó, empujando al toro sagrado sobre el camino, arrojando la luz
sobre el sendero que conducía de Creta al Templo del Señor, dentro de la
ciudad de los hombres de un solo ojo. Sobre la tierra firme, a la orilla
del agua, estos tres se pararon y se apoderaron del toro, quitándoselo
así a Hércules.
"¿Qué
tienes tú aquí?, dijo Brontes, deteniendo a Hércules sobre el
camino". “El
toro sagrado, oh, Dios".
“¿Quién
eres tú? Dinos ahora tu nombre", dijo Steropes.
“Yo
soy el hijo de Hera, un hijo de hombre y sin embargo un hijo de Dios. He
realizado mi tarea". "Lleva ahora el toro al Lugar Sagrado y sálvalo
de una esperada muerte, Minos deseaba su sacrificio".
“¿Quién
te dijo que buscaras y salvaras así al toro?”, dijo Arges, moviéndose
hacia el Lugar Sagrado.
"Dentro
de mí sentí el impulso y busqué a mi Maestro. Ordenado por el Gran
Presidente, Él me envió al Camino, y con larga búsqueda y muchos
dolores, encontré al toro. Ayudado por su sagrada luz, lo conduje a través
del divino mar a este Lugar Sagrado".
"Ve
en paz, hijo mío, tu tarea está hecha".
El
Maestro lo vio venir y salió a su encuentro en el Camino. A través
de las aguas llegaban las voces de las Siete Hermanas, cantando alrededor
del toro, y más cerca aún el cántico de los hombres de un solo ojo
dentro del Templo del Señor, en lo alto del Lugar Sagrado.
"Viniste
con las manos vacías, oh, Hércules", dijo el Maestro.
"Tengo
estas manos vacías, porque he cumplido la tarea a la cual fui asignado.
El toro sagrado está a salvo, en lugar seguro con los Tres. ¿Y ahora qué?”
"Dentro
de la luz tu verás luz; camina en esa luz y allí ve la luz. Tu luz debe
resplandecer más brillante. El toro está en el Lugar Sagrado".
Y Hércules se tendió sobre la hierba y descansó de su trabajo. Luego el Maestro se volvió hacia Hércules y dijo: "El segundo trabajo está cumplido, y la tarea fue fácil. Aprende de esta tarea la lección de la proporción. Fuerza para realizar la ardua tarea; buena voluntad para hacer la tarea que no somete a esfuerzo tus poderes; así son las dos lecciones aprendidas. Levántate pronto y busca la región, guardada por el tercer Portal, y encuentra las manzanas de oro. Tráemelas aquí.
EL TIBETANO
El
significado del Trabajo
A
pesar de un parcial fracaso inicial, Hércules ha hecho su comienzo. De
acuerdo con la ley universal ha empezado su trabajo en el plano mental.
En
la ejecución del plan creativo, el impulso del pensamiento es seguido por
el deseo. Ese estado de conciencia, al que llamamos mental, es seguido por
el estado de sensibilidad, y este segundo trabajo se ocupa del mundo del
deseo y de la potencia del deseo. Es uno de los más interesantes trabajos
que nos es relatado con amplios detalles. Algunos de los relatos hechos de
las varias pruebas a las cuales Hércules estuvo sujeto, son excesivamente
fragmentarias y breves en su esbozo, pero las pruebas en Tauro y Géminis,
en Escorpio y Piscis, son relatadas más extensamente. Fueron drásticas
en su aplicación y sometieron a prueba cada parte de la naturaleza del
aspirante.
La
clave del trabajo en Tauro es la correcta comprensión de la ley de
Atracción. Esta es la ley que gobierna esa fuerza magnética y ese
principio de coherencia que construye las formas a través de las cuales
Dios, o el alma, se manifiesta. Ella produce la estabilidad que se
demuestra en la persistencia de la forma durante todo su ciclo de
existencia, y concierne a la interrelación entre lo que construye la
forma y la forma misma; entre los dos polos, positivo y negativo; entre
espíritu y materia; entre el Yo y el no-Yo; entre macho y hembra, y así
entre los opuestos.
Encontramos
que esta prueba atañe predominantemente al problema del sexo. Hay cuatro
palabras en el lenguaje inglés que son ideográficas y simbólicas. Ellas
constan de tres letras cada un y son como sigue: God (Dios), Sex (Sexo),
Law (Ley) y Sin (Pecado). En estas cuatro palabras hallamos expresada la
suma de todo lo que es.
God
(Dios),
la suma total de todas las formas, la suma total de todos los estados de
conciencia, y de la vida energizante. Sex (Sexo), esa vida en
funcionamiento, atrayendo al espíritu y la materia e instituyendo la
sección recíproca entre lo objetivo y lo subjetivo y entre lo exotérico
y lo esotérico. Sex (Sexo), deseo, atracción, el instintivo impulso a la
creación, el influjo del alma, la atracción de la materia por el espíritu:
todas estas frases pueden ser acumuladas para expresar algunas de las
actividades del Sexo en sus variadas relaciones. Law (Ley), la respuesta
impulsada por el pensamiento de Dios hacia la forma; los hábitos
instituidos por la eterna acción recíproca ente los polos opuestos que
han sido reconocidos por la humanidad como las leyes inevitables de la
naturaleza; el impulso de la voluntad de Dios y la huella de esa voluntad
sobre la forma y su reconocimiento por el hombre. Sin (Pecado), según
su connotación, significa "el que es", la rebelión de la
unidad contra el todo, la individualidad contra el grupo, egoísmo en vez
de interés universal.
Así
es la historia del universo escrita para nosotros en estas cuatro palabras
God (Dios), el Todo; Sex (Sexo), la atracción entre las partes dentro de
ese Todo; Law (Ley), la condición de vivir del Todo; y Sin (el Pecado),
la rebelión de la unidad en el Todo.
La
Historia del Trabajo
Minos,
Rey de Creta, poseía un toro sagrado, al que guardaba en la isla de
Creta. Euristeo mandó a buscar a Hércules y le dijo que era necesario
capturar al toro y traerlo desde la isla a la tierra firme. No fueron
dadas instrucciones de cómo debía ser ejecutado esto, y todo lo que Hércules
sabía era que el toro era sagrado, que había nacido del mar, y que su
destino era ser ofrecido en sacrificio a Minos. Hércules, por lo tanto,
viajó a Creta y buscó por toda la isla, persiguiendo al toro de lugar en
lugar hasta que por último lo acorraló. Entonces, se nos relata, que él
condujo al toro como si fuera un caballo, al otro lado de la isla y a través
de las aguas que separaban a Creta de la tierra firme, y así lo trajo a
la ciudad de los cíclopes. Estos cíclopes eran seres peculiares de
quienes se afirmaba que poseían sólo un ojo colocado en el medio
de la frente. Eran gobernados por tres figuras sobresalientes, cuyos
nombres eran Brontes, que significa trueno, Steropes, que significa relámpago,
y Arges, que significa actividad remolineante. Cuando Hércules llegó con
el toro a las puertas de la ciudad, se encontró con los tres cíclopes,
quienes recibieron de él al toro sagrado y se hicieron cargo de él. Y así
terminó el segundo trabajo.
El
Tema de la Iluminación
Tauro
es una de las más interesantes constelaciones zodiacales, especialmente
en este tiempo. Es la Cruz Fija en los cielos, la Cruz del Discípulo, y
el siguiente resumen es de interés en esta relación:
"Del cielo se habla místicamente como del Templo, y la conciencia eterna de Dios. Su altar es el sol, cuyos cuatro brazos o rayos representan las cuatro esquinas de la cruz cardinal del universo, que han llegado a ser los cuatro signos fijos del zodíaco, y como los cuatros signos de poderosos animales sagrados, son a la vez cósmicos y espirituales, ellos representan los elementos básicos asemejándose a nuestros principios humanos. El signo de Leo representa el fuego o el espíritu; Tauro, la tierra o el cuerpo; Acuario, el aire o la mente; y Escorpio representa el agua asemejándose al alma. Leo, como el león, es la fuerza de la naturaleza inferior, y es la serpiente de la fuerza, que vence si es dirigida hacia arriba. Tauro, el toro, es siempre el símbolo de la fuerza creativa. Acuario, el hombre, es el que trae la luz o portador de la luz. Escorpio, el escorpión, es a menudo transmutado en Aquila, el águila... que se levanta al mismo tiempo que Escorpio; están estrechamente ligados en simbolismo. Escorpio es “el monstruo de la oscuridad”, que pica hasta la muerte, y sin embargo se mantiene, y reproduce, simbolizando no sólo generación sino regeneración. Como este Aquila, el águila, el pájaro del sol que ha conquistado el lado oscuro de Escorpio (ese adversario que puede arrastrar al hombre más bajo que las bestias), pero cuando es transmutada es el águila de la luz, que puede elevarse por encima de los dioses”.
El Barco Celestial del Norte, Vol. I. (E.
V. Straiton).
El
"ojo del toro" en Tauro, la magnífica estrella
fija, Aldebarán, es una de las razones por las cuales se considera a esta
constelación, como confiriendo iluminación. Antiguamente era Ramada la
estrella guía de los cielos, y Tauro ha sido siempre relacionado con la
luz y, por lo tanto, con Cristo, quien se proclamaba a sí mismo como la
luz del Mundo. La Luz, la iluminación y el sonido, como una expresión de
la fuerza creativa: éstas son las tres ideas básicas relacionadas con
esta constelación. El "intérprete de la voz divina", como era
llamado Tauro en el antiguo Egipto, puede ser parafraseado en la
terminología cristiana y ser llamado "el Verbo hecho carne". Es
un interesante detalle incidental en el poder de las influencias
zodiacales, recordar que la linterna del ojo del toro puede ser
rastreada hasta el ojo del toro en Tauro, y el toro pontificial, o
las enunciaciones papales que eran consideradas como intérpretes de la
voz de Dios, es un término de uso común hoy en día.
Bien
se podría preguntar aquí: ¿De qué manera ha llegado a ser Tauro el
toro, el portador de la iluminación? Se nos dice que en este signo la
luna es glorificada y Venus es el soberano. La luna siempre ha sido
mirada, desde el punto de vista de los esoteristas, y entre los pueblos
primitivos dedicados a la agricultura, como el aspecto constructor de
formas. La luna es el símbolo, por lo tanto, de la materia y es vista en
muchas de nuestras iglesias, estrechamente relacionada con la Virgen María.
La
consumación del trabajo que es emprendido en Tauro, y el resultado de la
influencia taurina, es la glorificación de la materia y la subsecuente
iluminación a través de su medio. Todo eso que actualmente impide a la
gloria, que es el alma, y al esplendor que emana de Dios dentro de la
forma, fulgurar con todo su poder, es la materia o aspecto forma. Cuando
eso ha sido consagrado, purificado y espiritualizado, entonces la gloria y
la luz pueden realmente brillar a través y el aspecto luna puede, por
consiguiente, ser glorificado en Tauro. Esto se realiza mediante la
influencia de Venus, el símbolo del amor terrenal y celestial, de la
aspiración espiritual y del deseo carnal, y es propiamente, por lo tanto,
el gobernante de este signo. Ella es, por sobre todas las cosas, amor, la
creadora de la belleza, el ritmo y la unidad. El toro y la vaca juntos
representan la creación, y por lo tanto, Tauro y Venus están
estrechamente ligados. Lo siguiente es de interés:
"El
toro o la vaca son el símbolo de este signo, y en el alma celestial se
observará que el pequeño grupo de estrellas llamado Las Pléyades está
representando justamente como los cuatro delanteros del toro. Ahora bien,
en esculturas egipcias, o pinturas, Las Pléyades son a veces
representadas por la figura de una paloma con las alas extendidas sobre
el dorso del toro. La paloma, como lo recordamos, es el pájaro consagrado
a Venus, y como Las Pléyades son parte de la constelación de Tauro y,
como veremos, más taurinas en naturaleza, si es posible, que el mismo
Tauro, la paloma llega a ser un símbolo especialmente apropiado para este
pequeño grupo de estrellas".
El
Zodíaco: Un Compendio de Vida. Walter
H. Sampson. p. 24). El
Tema del Sexo
Según
esta cita y muchas otras que podrían ser aducidas, es manifiesto cómo
esta importante constelación de Tauro está estrechamente ligada con el
sexo, en sus aspectos inferior y superior. Esta es la razón por la que se
le ha llamado en algunos libros, "el signo de la generación",
tanto terrenal como celestial. Hemos visto que el poder del signo de Tauro
es el de la atracción, o de conducirse juntos. Ejerce una firme y
continua influencia, y en ambos sentidos, el simbólico y el astronómico,
atrae. Hemos visto que en este signo se encuentran Las Pléyades, entre
ellas Alcione, llamada el sol central de nuestro universo, y alrededor de
ella gira nuestro sol, con sus planetas acompañantes. Las palabras de Job
cuando dijo: "No puedes impedir la dulce influencia de Las Pléyades
o soltar el lazo de Orión", así se vuelven claras. Las Pléyades
son el símbolo del alma alrededor de la cual gira la rueda de la vida.
Es
interesante descubrir asimismo, en Tauro, la triplicidad que es
constantemente recurrente en la ciencia astronómica y en la mitología:
Tauro, representando la forma y el atractivo influjo de la materia; Las Pléyades,
representando el alma y el vasto ciclo recurrente de la experiencia; y,
entre las siete Pléyades*, la Pléyade Perdida (pues sólo seis son
visibles) un símbolo del oscurecimiento del espíritu, mientras el alma,
a través del deseo, toma un cuerpo. Así la idea de la relación del Yo y
del No-Yo, para producir la última revelación del espíritu,
sustenta toda enseñanza mitológica y las escrituras y símbolos de todos
los tiempos, y así tenemos también la aparición de la idea de la gran
ilusión y espejismo. El espíritu de Dios está "perdido", o
velado, y desaparece en la atracción de la forma exterior y en el
espejismo que el alma capta alrededor de sí misma.
Debería recordarse aquí que el signo opuesto a Tauro es Escorpio, y estos dos signos constituyen el campo de un estupendo esfuerzo por parte de Hércules; pues en uno lucha con el problema del sexo, y en otro, vence la gran ilusión. .
Las tres constelaciones conectadas con este signo son Orión, Erídano y El Auriga; y la naturaleza del trabajo en Tauro es hermosamente pronosticada por las tres imágenes en los cielos que ellas nos representan. El antiguo nombre de Orión era "Los Tres Reyes", a causa de las tres hermosas estrellas que se encuentran en el cinturón de Orión. Los Tres Reyes representan los tres aspectos divinos de Voluntad, Amor e Inteligencia, y Orión, por lo tanto, simboliza el espíritu. El nombre Orión significa literalmente "La irrupción de la luz".
Muchas veces, a medida que circundamos el zodíaco, encontraremos apareciendo lo que podría ser llamado "el prototipo espiritual" de Hércules; Perseo, el Príncipe que Viene, quien mató a la Medusa, símbolo de la gran ilusión; se lo encuentra en Aries; Orión, cuyo nombre significa "luz", se encuentra en Tauro; en Escorpio, aparece el propio Hércules, triunfante y victorioso. Luego tenemos a Sagitario, el Arquero a caballo, yendo directo a su objetivo, y en Piscis encontramos al Rey. Cuanto más de cerca estudiamos este libro de imágenes celestiales, más comprendemos que siempre se sostiene ante nosotros el signo de nuestra divinidad, el símbolo del alma en0 encarnación, y la historia de la materia, a medida que recibe purificación y glorificación a través del laborioso trabajo del alma.
La
segunda constelación conectada con este signo es un inmenso río de
estrellas, que fluye desde abajo de los pies de Orión. Es llamado Erídano,
o el "Río del Juez", y es un símbolo del río de la vida,
llevando las almas a la encarnación, donde ellas aprenden el significado
de las palabras, "según lo que el hombre siembra, así cosechará",
y donde emprenden la estupenda tarea de lograr su propia salvación. Así
como Orión simboliza el aspecto espíritu, Erídano se relaciona
con el aspecto de tomar forma y sostiene delante de nosotros el
pensamiento de la encarnación; mientras que la tercera constelación, El
Auriga, es el cochero, avanzando hacia nuevas tierras y así simbolizando
el alma.
Naturaleza
de las Pruebas
La
amplia lección que se debe aprender en este signo, es lograr justa
comprensión de la ley de la atracción y justo uso y control de la
materia. En esta forma la materia es elevada al cielo, figuradamente
hablando, y puede emprender su correcta función: la de construir un medio
de expresión y un campo de esfuerzo para el morador, Cristo o el alma. El
aspirante, por consiguiente, es probado de dos maneras: primero en la
capacidad de su naturaleza animal y los motivos subyacentes en su
utilización; segundo, es probado según la atracción que la gran ilusión
pueda ejercer sobre él. Maya, o la gran ilusión, y el sexo, no son sino
dos aspectos de la misma fuerza, la de la atracción: uno, según se
manifiesta en el plano físico, y el otro, según se expresa en el campo
de la naturaleza del deseo emocional,
Un
aspirante al discipulado tiene en el sexo un verdadero problema con el
cual luchar. La autoindulgencia y el control del ser humano en cualquier
parte de su organismo, son siempre inevitablemente erróneos. Cuando la
mente entera de un hombre está ocupada con el pensamiento de las mujeres
o viceversa; cuando él vive principalmente para satisfacer un deseo
animal; cuando se encuentra incapaz de resistir la atracción de su polo
opuesto, entonces es una víctima del sexo y está controlado por la parte
más baja de su naturaleza, la animal.
Pero
cuando el hombre reconoce sus funciones físicas como una herencia divina,
y su equipo como habiéndole sido dado para el bien del grupo y para ser
rectamente usado en beneficio de la familia humana, entonces veremos un
nuevo impulso motivador sustentando la conducta humana en lo concerniente
al sexo. Veremos la eliminación de la promiscuidad, con su mal
concurrente, la enfermedad. Veremos la solución del problema de
demasiados niños e, incidentalmente, alivio del problema económico. A
través del correcto control de la función del sexo y su relegación al
propósito para la cual existe (el llevar adelante la familia humana y
proveer cuerpos por medio de los cuales las almas puedan ganar
experiencia), entonces se hará correcto uso del sexo. Luego, la pasión,
la lujuria, la autosatisfacción, la enfermedad, y el exceso de población,
desaparecerán en el mundo. La materia no será nunca más prostituida al
deseo egoísta, y la relación entre los sexos será gobernada por la
comprensión del propósito divino y la habilidad en acción.
Dos
puntos de vista son igualmente erróneos: en un caso tenemos costumbres
enseñadas que conducen eventualmente a orgías sexuales. Estas han sido
dignificadas con el nombre de magia del sexo, y en el orgasmo sexual,
inducido deliberadamente, un hombre es llevado a creer, que el acto sexual
físico es el punto supremo de oportunidad espiritual y que, en tal
momento, él puede tocar, si quiere, el reino del Ciclo.
La
otra actitud, la que hace del matrimonio y de toda expresión de la vida
del sexo, un pecado para el discípulo y que dice que un hombre no puede
ser puro en el verdadero aspecto espiritual, si se casa y construye una
familia, es igualmente devastadora peligrosa. No hay estado de conciencia
ni condición de vida en la cual sea imposible para un hombre funcionar
como hijo de Dios. Si no es posible para un hombre vivir la vida del
discipulado y la vida de la iniciación y, con el debido autocontrol y
comprensión, vivir una moral, equilibrada vida sexual entonces hay un
compartimento de la expresión humana en el cual la divinidad es
impotente, ya esto yo rehuso reconocerlo. No hay compartimento de
vida ni campo de expresión, ni deber, ni uso de instrumento físico, en
el cual el alma no pueda cumplir la parte de factor dominante y hacer
todas las cosas realmente para gloria de Dios. Pero el alma debe
controlar, y no la naturaleza inferior. La gente olvida que algunos de los
más grandes iniciados del mundo se casaron: que el Buda se casó y tuvo
un hijo, y debe haber sido un iniciado de alto grado cuando ingresó al
matrimonio. Ellos olvidan que Moisés, David el salmista, y
muchas de las figuras sobresalientes en el mundo del misticismo en ambos
hemisferios, fueron casados y formaron una familia.
Los
discípulos pertenecen a todas las razas, tanto en occidente como en
oriente, y la actitud de las diferentes razas hacia el sexo es ampliamente
variada. Las normas de conducta difieren. La legalidad o la ilegalidad de
las relaciones varía. Las diferentes épocas y las diferentes
civilizaciones han visto relaciones que fueron legales en un momento e
ilegales en otro. Algunas razas son monógamas y otras razas son polígamas.
En algunas civilizaciones la mujer es mirada como el factor dominante, y
en otras el hombre. A través de las edades el sexo se pervierte;
homosexuales, verdaderos y falsos, han estado con nosotros, y hoy en día
probablemente no es peor que hace 5.000 años, excepto que todo es ahora
sacado a la luz, lo cual es bueno. Todo el mundo habla acerca del
problema; y la generación naciente pregunta con tono incierto: "¿Qué
hay sobre el sexo? ¿Qué es correcto y que es incorrecto?” ¿Cómo se
espera que ellos traten con una pregunta que ha sido discutida,
aparentemente de la manera más fútil, a través de los años?
Aquí
es pertinente advertir que Minos, Rey de Creta, quien poseía el toro
sagrado, también poseía el laberinto en el cual vivía el Minotauro, y
el laberinto ha sido siempre el símbolo de la gran ilusión. La palabra
"laberinto" viene de una vieja palabra inglesa que significa
aturdir, confundir, enredar. La isla de creta con su laberinto y su toro
es un símbolo sobresaliente de la gran ilusión. Estaba separada de la
tierra firme, y la ilusión y el aturdimiento son características del yo
separado, pero no del alma en su propio plano, donde las realidades del
grupo y las verdades universales constituyen su reino. El toro, para Hércules,
simboliza el deseo animal, y los muchos aspectos de deseo en el mundo de
la forma, que en su totalidad, constituye la gran ilusión. El discípulo,
como Hércules, es una unidad separada, dividida de la tierra firme, el símbolo
del grupo, por el mundo de la ilusión, y el laberinto en el cual él
vive. El toro del deseo tiene que ser asido y dominado y perseguido de un
lugar a otro en la vida del yo separado, hasta que llegue el
momento en que el aspirante pueda hacer lo que Hércules logró hacer:
cabalgar al toro. Montar un animal en los mitos antiguos, significa
control. El toro no es matado, es montado y
guiado, bajo el poder del hombre. Hay
potencias y facultades ocultas en el ser humano que, cuando son
desarrolladas y manifestadas, pueden traer nuevo poderes para dominar este
problema. Pero, mientras tanto, ¿Qué hará el aspirante? Se pueden hacer
algunas sugerencias:
1.
Montar, controlar y dominar al toro, y
que el aspirante recuerde que el toro debe ser dirigido a través de las
aguas hacia la tierra firme; lo que significa que la solución de todo el
problema del sexo llegará, cuando el discípulo subordine la isla
separada de su yo personal, al propósito y esfuerzo del grupo, y empiece
a regir su vida por la pregunta, "¿Qué es lo mejor para el grupo
con el cual estoy asociado?” Es haciendo esto que el toro es conducido a
la tierra firme.
2.
Usar el sentido común. El
antiguo significado de la palabra "sentido común" era que había
un sentido que sintetizaba y unificaba los cinco sentidos y así constituía
un "sentido común", literalmente, la mente. Que el aspirante
use su mente, y a través del medio de la percepción inteligente, guíe y
controle al toro del deseo. Si el sentido común es usado, serán evitados
ciertos peligros. Hay un peligro en el método de muchos aspirantes en
impedir o excluir todas las expresiones del sexo. Fisiológicamente pueden
tener éxito, pero la experiencia de los psicólogos y maestros es que
donde la prohibición y la supresión drástica es impuesta sobre el
organismo, el resultado es una forma de complejo nervioso o mental. Mucha
gente físicamente limpia tiene mentes sucias. Muchos que despreciarían
la práctica de alguna de las perversiones sexuales y que sostienen que el
casamiento no es para el discípulo, tienen dispositivos mentales que no
soportarían una investigación. Sus mentes y sus interpretaciones de las
acciones de otras personas son tan lascivas y su capacidad para pensar mal
tan grande, que, tan peligroso como esto pueda sonar, uno siente que sería
mejor para ellos ser manejados por el toro del deseo que continuar
con su práctica actual de sustituir el pecado exterior por la indulgencia
mental. Una mente limpia y un corazón puro, un cuerpo físico rectamente
organizado y rectamente usado, en conformidad con las leyes de la tierra
en la cual su destino le ha arrojado, total consideración por el
bienestar de aquellos con los cuales está asociado, y una vida de
servicio amoroso; constituyen los ideales de un aspirante.
3. Una justa comprensión del significado del celibato. La palabra significa “puro" o "solo", y el significado dado habitualmente a la palabra es, contenerse de la relación marital. Muchos hombres y mujeres jóvenes, llevados por el deseo espiritual y bajo la influencia de la manera de pensar de la iglesia durante la Edad Media, con sus muchos monasterios y conventos, creen que para ellos el estado de celibato es esencial y correcto y quedan confundidos cuando descubren tan complejos resultados. Pero, ¿no podrá ser que el verdadero celibato haya sido expresado para nosotros en las palabras de Cristo, cuando dijo: "Si tu ojo es puro, todo tu cuerpo estará lleno de luz”. ¿No podrá ser que el verdadero celibato es el rechazo del alma a no identificarse más con la forma? ¿No podrá la verdadera relación marital, de la cual la relación en el plano físico no es sino el símbolo, ser la de la unión del alma y de la forma, el positivo aspecto espiritual y el negativo madre-materia?
Que
el alma sea pura en su propósito y libre de la servidumbre de la materia,
y entonces la acción justa y el justo punto de vista serán inevitablemente
las características de la vida en el plano físico. Que el alma maneje la
forma, controlándola y dominándola, y entonces sabrá seguramente sus
correctas obligaciones. Reconocerá la relación que deberá mantener con
los otros seres humanos, ya sea que su destino deba ser de esposo o
esposa, padre o madre, hermano o hermana, amigo o compañero. A través
del correcto uso de la forma y, de la correcta comprensión del propósito,
a través de la correcta orientación a la realidad y el correcto uso de
la energía espiritual, el alma actuará como el factor controlador y todo
el cuerpo estará lleno de luz. A través del control, a través del uso
del sentido común, por una correcta comprensión del celibato, y por la
identificación con el propósito del grupo, el discípulo llegará a la
liberación por el control del sexo. Logrará seguir el ejemplo de Hércules
y conducirá al toro del deseo a la tierra firme, donde, en el Templo de
Dios, lo entregará al cuidado de los Cíclopes que fueron los primitivos
iniciados, teniendo el único ojo acerca del cual hemos estado
hablando, el ojo de Shiva, el ojo del Toro en la constelación
de Tauro. Pues Hércules mismo no fue sólo el discípulo, sino que fue,
en su naturaleza inferior, el toro, y en su naturaleza superior los Cíclopes.
Cuando
el toro del deseo ha sido entregado a los Cíclopes, al iniciado de un
solo ojo, que es él mismo, el alma, los tres aspectos divinos,
empezarán a manifestarse: Brontes, Steroptes y Arges guardarán al toro
sagrado, y Hércules, el discípulo, no tendrá más ninguna
responsabilidad. Brontes es el símbolo del primer aspecto de Dios, el
padre que habló y es el sonido creador. Steroptes significa relámpago o
luz, y es el segundo aspecto, el alma. Arges significa actividad
remolineante, el tercer aspecto de la deidad, expresándose en la intensa
actividad de la vida en el plano físico. Estos aspectos divinos
constituyen el factor controlador y una vez que ellos han logrado la
posesión del toro sagrado, el problema de Hércules está resuelto.
Notas
claves de Tauro:
"Veo, y cuando el ojo está abierto, todo es luz". Extractado
de Los Trabajos de Hércules, de Alice A. Bailey pág. 39/51. Otras páginas para consultar en este website
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